Cara A
La aguja, de Svetlana Makarovic x Julia Sarachu
Camina camina la aguja silenciosa
ligera, con pasos minúsculos de acá para allá,
cose con apenas visible hilo
uno con el otro.
Que siga cosiendo, que siga cosiendo
a mí con vos, a vos con él,
cuanto más densa es la costura,
menos palabras pronuncio.
Pincha, tira, tensa
delgado, filoso, hilo ardiente,
cuando te das cuenta, ya es demasiado tarde,
con mil puntadas estás cosido.
Garganta con garganta, la tuya con la mía,
cada vez más denso, cada vez más fuerza,
la piel se injerta en otra piel,
cada vez más apretado, cada vez más cálido.
Junta las mejillas, las espaldas,
los pechos, los miembros sudados,
ya siento tu aliento de odio,
ya no podés apartarte de mí.
Qué es mío, qué es tuyo,
apuntás con la piedra entre mis ojos –
la aguja se apura, pincha la palma,
que se afloja y la deja caer.
Lo que fue anudado,
no se puede desatar
y lo que fue arrugado,
nunca más se alisa.
A uno se le corta el aliento
y presiente y reconoce.
El camino se revela solo.
Es un camino para uno solo.
Se estremece con fuerza, se lanza,
arranca la piel de los huesos,
se levanta entre los harapos del cuerpo
y se pierde en la oscuridad.
Allá en lo desconocido. Allá en lo alto.
Fue y es y será.
Allá en lo infinito. Allá único.
Esa estrella sobre la montaña.
Svetlana Makarovic (Eslovenia, 1939)
Es la principal referente de la poesía de los Balcanes en
la segunda mitad del siglo 20, reelabora los temas de la cultura
popular eslava precristiana desde la perspectiva de un realismo
extremo que parece surgir como fruto amargo de la experiencia de
las guerras mundiales. Casandra yugoeslava, que intenta desenmascarar
la hipocresía de la sociedad en la que vive, y representa
las verdades ontológicas que nadie quiere escuchar. Así recupera
la función social activa del poeta, interactúa efectivamente
con el pueblo que es su principal interlocutor, al que interpela
de manera constante.
Una idea sobre el poema traducido por Julia Sarachu.
En el poema La aguja, aparece hacia el final la imagen de la estrella
que es símbolo de la poesía, el arte, el sueño
como formas de evasión de una realidad angustiante. La aguja
cose a los seres, muestra un mundo de interdependencia absoluta
y asfixiante: si hago esto, pasa lo otro; las reglas sociales,
los estilos de comportamiento, el pensamiento del otro que limita
la propia conciencia. La única opción ante la imposibilidad
de ser libre es la elección de vivir en soledad y sólo
vincularse a través del arte, que es ese único espacio
de rebeldía que emancipa al hombre.
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